3 formas de elaborar germinados en casa

Existen diferentes técnicas para la germinación de semillas, en este artículo vas a aprender 3 formas de elaborar germinados en casa de manera fácil:

  1. En un sencillo bote de cristal tapado con un trapo de algodón, en botes germinadores especialmente diseñados para facilitar la tarea de aclarado de las semillas.
  2. En un plato o bandeja.
  3. En germinadores de plástico o de barro de varios pisos.

También tenemos que adquirir las semillas para germinar que podemos encontrar en tiendas de dietética y herbolarios, deberían ser de cultivo ecológico. Hay que tener en cuenta que nos cundirán mucho y que la fuente de nutrición que nos aportan las convierte en un alimento económico.

Sprouted wheat berries in jar. Fotografía de Nourishing Cook. Licencia Creative Commons

Vamos a explicar brevemente los pasos a seguir en cada método para que puedas escoger el que mejor se adapte a tus posibilidades:

Bote de cristal: necesitamos un bote de boca ancha y una gasa de algodón.

  1. Pondremos 2 ó 3 cucharadas soperas de semillas, la cantidad la tendremos que ir regulando en función de lo grande que sea el bote y con el tiempo cogeremos una buena medida que permita una correcta germinación.
  2. Se añade un litro de agua mineral, se tapa el tarro con la gasa de algodón y se dejan las semillas en remojo, las semillas pequeñas necesitan de 4-6 horas de remojo, las más grandes de 12-15 horas.
  3. Pasado el tiempo indicado, se elimina el agua a través de la gasa, no se destapa el tarro. Guardaremos el tarro en un lugar oscuro y cálido. El tarro debe quedar inclinado a 45º para que acabe de escurrirse bien el agua y para que las semillas queden repartidas.
  4. A partir de ese momento nos encargaremos de enjuagar las semillas 2 veces al día, poniendo el bote bajo el grifo del agua hasta que se llene y eliminando el agua a continuación (no dejamos las semillas en remojo, solamente las lavamos).
  5. Cuando las semillas hayan germinado ya podremos sacarlos y los tendremos expuestos a luz suave, cerca de una ventana para que empiecen a generar clorofila.
  6. Por último, procedemos a secarlos bien con papel de cocina para eliminar la humedad al máximo y guardarlos en un bote hermético en la nevera. Se recomienda su consumo en 2-3 días para aprovechar sus propiedades al máximo.

Botes germinadores: necesitamos un bote germinador que podemos adquirir específicamente para este uso.

El proceso es el mismo que con el tarro y la gasa de algodón, sólo que en este caso no nos hace falta la gasa ya que el bote germinador tiene una tapa con agujeros especialmente diseñada para enjugar los germinados y dejar que pase el oxígeno. El bote germinador nos facilitará la tarea por lo que podemos tener en cuenta esta opción en función de su coste y nuestras necesidades.

Bandeja o plato: necesitamos un plato o bandeja, un trozo de algodón natural que cubra el plato, un recipiente de plástico a modo de tapa con agujeros para que las semillas estén correctamente ventiladas, además un paño para cubrir las semillas.

  1. Se extiende el trozo de algodón encima de la bandeja o plato y se empapa de agua.
  2. En un recipiente a parte se ponen las semillas en remojo, unas horas en función del tipo de semilla.
  3. Tras el remojo, ya podemos extender las semillas encima del trozo de algodón, bien repartidas.
  4. Iremos rociando de agua el trozo de algodón, al menos dos veces al día, para que se mantenga húmedo y tapamos la bandeja con el recipiente de plástico que a su vez, cubriremos con un trapo o paño para evitar la luz directa en las semillas.
  5. Cuando los germinados han crecido lo suficiente los exponemos a la luz de forma indirecta hasta que empiecen a verdear, de este modo obtendremos la clorofila que es una de sus propiedades más características y beneficiosas.
  6. Por último, los secamos bien y almacenamos en lugar seco para su posterior consumo.

Easterbuds. Fotografía de Giopuo. Licencia Creative Commons.

Germinadores: necesitaremos un germinador que podemos adquirir en tiendas de dietética y herboristerías. Hay que decir que inicialmente puede resultar caro pero se amortiza, facilita la tarea y se pueden hacer muchos germinados a la vez.

Los germinadores pueden ser de plástico o de barro. Los germinadores de barro son más delicados pero hay que tener en cuenta que están hechos con un material natural y poroso lo que mejora la ventilación y también mejora el aroma de los germinados. Sin embargo al ser un material más frío es posible que se retrase un poco el proceso de germinación. Son los más adecuados para germinar semillas grandes tipo mungo.

En cambio los germinadores de plástico son muy prácticos y adecuados para germinar semillas más pequeñas como la alfalfa, la mostaza, etc. y el proceso de germinación tiende a acelerarse por ser un material más cálido.

Los germinadores tienen varios pisos por lo que podremos germinar separadamente semillas de varios tipos o ir haciendo un sistema de germinación rotativo para no quedarnos nunca sin germinados frescos, empezando a germinar semillas el primer día en una bandeja, al día siguiente empezamos a germinar semillas en una segunda bandeja, etc. Tienen una tapa y una bandeja inferior para la recogida del agua, así como unas válvulas en cada bandeja para que el agua vaya pasando de una bandeja a la otra.

La saga des graines germées. Fotografía de frev_v. Licencia Creative Commons

  1. Ponemos las semillas a germinar, bien repartidas en cada bandeja, una cucharada sopera debe bastar, lo ideal es que no se formen montoncitos sino que queden bien repartidas pues para su correcto crecimiento necesitan un cierto espacio y ventilación.
  2. Llenamos la bandeja superior de agua hasta cubrir la válvula.
  3. Dejamos que el agua vaya cayendo a la segunda bandeja, después a la tercera (en este proceso hay que estar atentos porque cuando las semillas son muy pequeñas pueden atascar la válvula, entonces sacaremos las semillas que atasquen la válvula para que el proceso pueda continuar).
  4. Cuando el agua llega a la bandeja inferior la podemos vaciar, volvemos a colocarla en el germinador y lo dejamos tapado.
  5. El germinador debe ubicarse en un lugar oscuro y cálido.
  6. Repetimos el proceso de regado una vez al día.
  7. Cuando los germinados han crecido lo suficiente separamos cada bandeja y las exponemos a luz indirecta, cerca de una ventana, durante unas horas o un día completo (con cuidado porque la luz directa del sol las estropearía).
  8. Las secamos con papel de cocina y ya las podemos consumir o almacenar en un lugar seco.

Y unos consejos finales para su correcta elaboración

En el proceso de germinación debemos ir observando las semillas para asegurar que no se enmohecen por exceso de residuos de agua, si esto pasa, podemos eliminar las semillas y germinados enmohecidos, limpiar bien el espacio y si el moho no llegó al resto de germinados podemos continuar con los pasos descritos.

En el proceso de lavado y secado de los germinados o antes de consumirlos tendremos que eliminar las cáscaras o pieles de los germinados que tienen pieles más gruesas, por ejemplo, la cáscara del germinado de la judía mungo no se digiere bien, en cambio la cáscara de la alfalfa es más suave y si no se elimina en el aclarado podemos dejarla y consumirla. 

Sprouts day 4. Fotografía de moggs ocean lane. Licencia Creative Commons

También debemos tener en cuenta que es posible que hayan quedado algunas semillas por germinar, las retiraremos para evitar un accidente dental...Algunas semillas son más resistentes ya que la naturaleza se asegura con ellas la supervivencia de la especie.

Todos los recipientes deben lavarse y secarse muy bien dejándolos preparados para su siguiente uso.

Artículo escrito por Shauri.