Parábolas de Jesús

Lejos de la religiosidad, esta sección pretende juntar algunas de las enseñanzas de uno de los más grandes Maestros espirituales que hemos tenido en este planeta, Jesús de Nazaret. Este es una auténtico mensaje espiritual y atemporal, que puede ser comprendido y practicado por cualquier hombre o mujer, tenga el credo que tenga. Deja que estas palabras lleguen a lo profundo. Para un instante en cada una de las parábolas, no le des mucha vueltas buscando el significado, te tiene que venir casi al instante. Si no es así, es que todavía no estás listo para recibir esa enseñanza, no te preocupes y sigue tu camino. Seguro que algun día se te enciende la lucecita. En cualquier caso no lo racionalices, porque entonces será imposible que entiendas el verdadero mensaje.

Por todos es sabido que la Biblia ha sufrido numerosas manipulaciones a lo largo de la historia. No te preocupes, tu alma sabrá distinguir lo bueno de lo malo, lo auténtico de lo falso, lo real de lo irreal. Recuerda también, que estas enseñanzas no sirven de nada si no se aplican, si no se ponen en práctica pierden todo su poder transformador. Hacer Reiki no solo significa poner las manos y conocer una serie de técnicas, significa llevar una vida armoniosa, dirigida hacia la Luz y el Amor que nos tiene que llevar algún día a conseguir el Satori, la Iluminación, el Samadhi o el Reino de los Cielos. Espero que estas parábolas te inspiren, te den animos para seguir en la brecha y te aporten luz y alegría en tu vida al igual que me sucede a mí.

¿Por qué Jesús Enseña con Parábolas?

"Sus seguidores se acercaron y le preguntaron a Jesús:
— ¿Por qué enseñas a la gente por medio de parábolas?
Él les respondió:
—Ustedes tienen el privilegio de entender la verdad que todavía no se ha dado a conocer sobre el reino de Dios, pero ellos no. Porque al que entienda algo, se le permitirá que entienda más y tendrá más que suficiente. Pero al que no entienda, hasta lo que entienda se le quitará. Por eso yo les hablo por medio de parábolas, porque aunque ellos miran, no ven nada. Oyen, pero no escuchan ni entienden nada". (Evangelio de Mateo)

Parábola del Hijo Pródigo

Entonces Jesús dijo: “Había un hombre que tenía dos hijos. El menor le dijo: ‘Padre, dame mi parte de la herencia’. Entonces dividió entre sus dos hijos todo lo que tenía. No mucho tiempo después, el hijo menor recogió todo lo suyo y se fue a un país lejano. Estando en ese país, el hijo menor malgastó todo su dinero llevando una vida descontrolada. Después hubo una escasez de comida en ese país, y empezó a pasar necesidad. Buscó trabajo con un hombre de ese país, quien lo mandó a trabajar en el campo alimentando a los cerdos. El hijo tenía tanta hambre que hasta quería comer lo que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Entonces se dio cuenta de que había sido muy tonto. Pensó: ‘¡Todos los siervos de mi padre tienen suficiente comida, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Iré a la casa de mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra Dios y contra ti. No merezco llamarme tu hijo; déjame ser como uno de tus siervos’. Entonces el hijo regresó a la casa de su padre.

Mientras el hijo todavía estaba muy lejos de casa, su padre lo vio y tuvo compasión de él. Salió corriendo a su encuentro y le dio la bienvenida con besos y abrazos. El hijo le dijo: ‘Padre, he pecado contra Dios y contra ti. No merezco llamarme tu hijo’. Pero el padre les dijo a sus siervos: ‘¡Apresúrense! Vístanlo con la mejor ropa. También pónganle un anillo y sandalias. Maten el mejor ternero y prepárenlo. ¡Celebremos y comamos! Mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido encontrado’. Y empezaron la fiesta.

El hermano mayor estaba en el campo y al acercarse a la casa, escuchó la música del baile. Entonces el hermano mayor llamó a uno de los siervos y le preguntó: ‘¿Qué significa todo esto?’ El siervo le dijo: ‘Tu hermano vino y tu padre mandó preparar el mejor ternero. Está muy feliz porque tu hermano menor regresó a casa sano y salvo’. El hijo mayor se enojó mucho y no quiso entrar. Entonces el padre salió a pedirle que entrara. Pero él le respondió a su padre: ‘Yo he trabajado para ti todos estos años, no he dejado de obedecerte, y nunca me has dado ni un cabrito para celebrar con mis amigos. En cambio, tu otro hijo malgastó todo tu dinero en prostitutas, y cuando regresa a casa, matas para él el mejor ternero’. El padre le dijo: ‘Hijo mío, tú siempre estás conmigo y todo lo que tengo es tuyo. Pero tenemos que celebrar y estar felices, porque tu hermano estabamuerto y ha vuelto a vivir, estaba perdido y ha sido encontrado’”.

La Parábola del Grano de Mostaza

"El Reino de los Cielos es semejante al grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo; es ciertamente la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es la mayor de las hortalizas, y llega a ser como un árbol, hasta el punto de que los pájaros del cielo acuden a anidar en sus ramas" .

La Parábola del Administrador

Jesús les dijo a sus seguidores: “Había un hombre rico que contrató a un administrador que había sido acusado de malgastar lo que el hombre rico tenía. Entonces el hombre rico lo llamó y le dijo, ‘¿Qué es esto que me dicen de ti? Dame un informe de lo que has hecho con mi dinero. ¡No puedes seguir siendo mi administrador!’ Entonces el administrador se dijo a sí mismo: ‘¿Qué debo hacer? Mi patrón no me va a dejar seguir siendo su administrador. Ya no tengo fuerzas para trabajar y me da vergüenza pedir limosna. ¡Ya sé lo que voy a hacer! Voy a hacer algo para que cuando no tenga trabajo, la gente me reciba en su casa’.

Entonces llamó a cada una de las personas que le debían dinero a su patrón, y le dijo a la primera: ‘¿Cuánto le debes a mi patrón?’ Él le respondió: ‘Cuatro mil litros de aceite’. Entonces el administrador le dijo: ‘Toma la cuenta, apúrate, siéntate y escribe una cantidad menor. Escribe dos mil litros’. Entonces fue y le dijo a otra persona: ‘Y tú, ¿cuánto le debes a mi patrón?’ Él respondió: ‘treinta mil kilos de trigo’. El administrador le dijo: ‘Toma tu cuenta, puedes hacerla por menos. Escribe veinticinco mil’. Más tarde, el patrón elogió al administrador deshonesto porque lo que había hecho era muy astuto. Sí, cuando se trata de negocios con sus semejantes, la gente mundana es más astuta que la gente espiritual.

“Usen las riquezas mundanas de una manera que les ayude a ganar la amistad de Dios, para que cuando las riquezas se acaben, sean bienvenidos en la casa eterna. Si alguien es de fiar en lo poco, será de fiar en lo mucho; si es deshonesto en lo poco, será deshonesto en lo mucho. Si no se les pueden confiar las riquezas mundanas, entonces tampoco se les podrán confiar las riquezas verdaderas. Si no se les puede confiar lo ajeno, entonces no se les dará lo de ustedes. “Nadie puede servir a dos patrones al mismo tiempo. Desatenderá a uno y amará al otro, o se dedicará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo”.

 

Parábola del Siervo que Espera su Amo

"Tened ceñidas vuestras cinturas y las lámparas encendidas, y estad como quienes aguardan a su amo cando vuelve de las nupcias, para abrirle al instante en cuanto venga y llame. Dichosos aquellos siervos a los que al volver su amo los encuentre vigilando. En verdad os digo que se ceñirá la cintura, les hará sentar a la mesa y acercándose les servirá. Y si viniese en la segunda vigilia o en la tercera, y los encontrase así, dichosos ellos. Sabed esto: si el dueño de la casa conociera a qué hora va a llegar el ladrón, no permitiría que se horadase su casa. Vosotros, pues, estad preparados, porque a la hora que menos pensáis viene el Hijo del Hombre" .

Parábola de los Invitados a las Bodas

Jesús comenzó a hablarle a la gente una vez más por medio de parábolas. Les dijo: “El reino de Dios es como un rey que ofreció una boda para su hijo. El rey envió a sus siervos para que les dijeran a los invitados que vinieran. Pero los invitados no querían ir. “El rey envió otra vez a sus siervos y les dijo: ‘Díganles a los invitados que todo está listo, que se mataron las reses y los animales engordados. Todo está preparado. ¡Que vengan a la boda!’ “Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a trabajar en su tierra, otro se fue a sus negocios y otros ataron a los siervos del rey, los torturaron y los mataron. El rey se enfureció, envió a sus soldados y ellos mataron a los asesinos y quemaron su ciudad.

“Entonces el rey les dijo a sus siervos: ‘La boda está lista, pero los que se invitaron no la merecían. Vayan, pues, a las esquinas de las calles e inviten a todo el que encuentren para que venga’. Los siervos salieron a las calles. Reunieron a todos los que pudieron encontrar sin importar que fueran buenos o malos y el salón se llenó de invitados. “Cuando el rey vino a verlos, vio a un hombre que no estaba vestido con ropa como para ir a una boda. El rey le dijo: ‘Amigo, ¿cómo hiciste para entrar aquí sin estar vestido con ropa adecuada para moneda de plata Textualmente: “denario”. Era una moneda romana equivalente al pago por un día de trabajo. una boda?’ Pero el hombre se quedó callado. Entonces el rey les dijo a sus siervos: ‘Átenlo de pies y manos y échenlo afuera, a la oscuridad. Ahí es donde la gente llorará y crujirá los dientes de dolor’. Porque muchos son los llamados pero pocos los escogidos”.
 

Parábola de la Dragma Perdida

"¿Qué mujer, si tiene diez dracmas(*) y pierde una, no enciende una luz y barre la casa y busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas diciéndoles: Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que se me perdió. Así, os digo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente".

(*) dracma = moneda.
 

La Higuera Estéril

“Un hombre tenía una higera en su jardín y un día fue a ver si tenía frutos, pero no encontró nada. Entonces le dijo al jardinero: ‘He venido tres años seguidos a ver si este árbol tiene frutos pero nunca los he encontrado. Por eso, córtalo. ¿Para qué desperdiciar ese pedazo de tierra?’ El jardinero le respondió: ‘Maestro, déjalo aquí por un año más. Déjame cultivarlo y ponerle abono. Entonces si el próximo año tiene frutos, lo dejamos allí, pero si no tiene frutos, lo puedes cortar’”.
 

Parábola de la Levadura

"El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que toma una mujer y mezcla con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta".

La Parábola del Hombre Rico y el Pobre Lázaro

Jesús dijo: “Había un hombre tan rico que todos los días se divertía a sus anchas, vestía las ropas más finas y comía de la mejor comida. Había también un hombre muy pobre llamado Lázaro, quien tenía el cuerpo cubierto de llagas y con frecuencia se sentaba a la puerta de la casa del hombre rico. Quería tan sólo calmar su hambre comiendo las sobras que caían de la mesa del hombre rico. Los perros venían y lamían sus llagas. Tiempo des pués, Lázaro murió y los ángeles del cielo vinieron y lo pusieron en brazos de Abraham.

El hombre rico también murió y fue enterrado. El rico fue enviado al lugar donde están los muertos y sufría mucho. Miró hacia arriba y vio muy lejos a Abraham y a Lázaro en sus brazos. El hombre rico gritó: ‘¡Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro para que moje la punta de su dedo con agua y refresque mi lengua. Estoy sufriendo en este fuego!’ Pero Abraham le dijo: ‘Hijo mío, recuerda que mientras estabas vivo, la pasaste muy bien, pero Lázaro sufrió mucho. Ahora él recibe consuelo aquí mientras tú estás sufriendo. Además, entre nosotros hay un abismo muy grande, para que nadie pueda pasar de aquí para allá, ni de allá para acá’.

Entonces el hombre rico dijo: ‘Padre, te ruego que mandes a Lázaro a casa de mi padre. Dile que les advierta a mis cinco hermanos y así ellos no tengan que venir también a este lugar de sufrimiento’. Pero Abraham dijo: ‘Ellos tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen a ellos’. El hombre rico dijo: ‘No, padre Abraham, pero si alguien va desde donde están los muertos y les avisa, ellos cambiarán su manera de pensar y de vivir’. Abraham le dijo: ‘Si ellos no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco escucharán a alguien que regrese de entre los muertos’”.

La cuestión de la Herencia

Entonces alguien de la multitud le dijo a Jesús:
—Maestro, mi padre acaba de morir. Dile a mi hermano que comparta conmigo lo que pertenecía a mi padre.
Pero Jesús le dijo:
—Hombre, ¿quién dijo que yo soy su juez o que debo decidir cómo deben compartir lo que dejó tu padre?
Luego Jesús les dijo:
—Tengan cuidado de no caer en ninguna clase de avaricia. La vida no depende de lo que tienen, así sea mucho.

Entonces les contó una historia: “Un hombre rico tenía un terreno que produjo una cosecha muy buena. Él pensó: ‘¿Qué hago ahora que no tengo donde guardar la cosecha?’ Entonces se dijo: ‘Esto es lo que voy a hacer: tumbaré todos mis graneros y los haré más grandes. Así podré guardar allí toda mi cosecha y todo lo demás. Me diré a mí mismo: Tienes bastante acumulado para muchos años. Entonces tómalo con calma, come, bebe y diviértete’. Pero Dios le dijo: ‘Tonto, esta noche morirás, y entonces ¿quién se quedará con todo lo que guardaste?’ “Esto es lo que pasa con el que consigue mucho para sí mismo, pero no es rico ante los ojos de Dios”.
 

La Parábola del Buen Samaritano

Entonces un experto de la ley se levantó para probar a Jesús:
—Maestro, ¿qué tengo que hacer para tener vida eterna?
Entonces Jesús le dijo:
—¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lo entiendes?
Él contestó:
—‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente’; y ‘ama a los demás como te amas a ti mismo’.

Entonces Jesús le dijo:
—Tienes razón, hazlo y vivirás. Pero como quería demostrar que su manera de vivir era correcta, le dijo a Jesús:
—¿Y quiénes son los demás?
Jesús le respondió:
—Un hombre iba de Jerusalén a Jericó. Unos ladrones lo rodearon, le quitaron la ropa, lo golpearon y lo dejaron medio muerto. Dio la casualidad que venía un sacerdote por el mismo camino. Cuando vio al hombre, no se detuvo a ayudarlo, sino que siguió por otro lado. De la
misma manera, un levita pasó por el mismo lugar. Vio al hombre, pero también siguió por otro lado. Pero un samaritano que viajaba por ahí llegó a donde estaba el hombre, y al verlo se compadeció de él. Entonces se acercó al hombre, derramó aceite y vino en las heridas y las vendó. Luego lo montó en su animal de carga y lo llevó a una pequeña posada donde lo cuidó. Al siguiente día, el samaritano le dio dos monedas de plata al encargado de la posada, y le dijo: ‘Cuídalo, y si se necesita más, te pagaré cuando regrese’. “¿Cuál de los tres crees que mostró amor al hombre que estaba medio muerto en el camino?” El experto de la ley le dijo:
—El que tuvo compasión de él.
Entonces Jesús le dijo:
—Ve y haz lo mismo.

La Parábola de la Cizaña

"El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras dormían los hombres, vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y echó espiga, entonces apareció también la cizaña. Los siervos del amo acudieron a decirle: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña? É les dijo: Algún enemigo lo hizo. Le respondieron los siervos: ¿Quieres que vayamos y la arranquemos? Pero Él es respondió: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis junto con ella el trigo. Dejad que crezcan ambas hasta la siega. Y al tiempo de la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla; el trigo, en cambio, almacenadlo en mi granero" .

Las Parábolas del Tesoro Escondido y la Perla

"El reino de Dios es como un tesoro escondido en un campo. Un día, un hombre encontró el tesoro y lo escondió otra vez. Estaba tan feliz que fue y vendió todo lo que tenía y compró ese terreno."
“El reino de Dios también es como un vendedor que buscaba perlas finas. Cuando el vendedor encontró una perla muy costosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró."

 

La Parábola del Fariseo y el Publicano

Había unos que creían que siempre hacían el bien. Estaban tan seguros de sí mismos que menospreciaban a los demás. Jesús contó esta historia para ellos:

“Dos hombres fueron al templo a orar. Uno era un fariseo y el otro era un cobrador de impuestos. El fariseo se puso de pie aparte de los demás, y empezó a orar: ‘Oh, Dios, te doy gracias porque no soy como los demás. No soy como los ladrones, los injustos y los que cometen el pecado de adulterio. Te doy gracias porque tampoco soy como este cobrador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana y doy la décima parte de todo lo que gano’. “El cobrador de impuestos estaba parado a cierta distancia. Cuando oró ni siquiera levantó la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho para mostrar que estaba arrepentido, y dijo: ‘¡Oh Dios, ten compasión de mí porque soy un pecador!’ Les digo que cuando este hombre terminó de orar, se fue a su casa siendo aceptado por Dios. En cambio, Dios no aceptó al fariseo que se creía mejor que los demás. Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado”.

Parábola de los Dos Hijos

"¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos; dirigiéndose al primero, le mandó: Hijo, ve hoy a trabajar en la viña. Pero él le contestó: No quiero. Sin embargo se arrepintió después y fue. Dirigiéndose entonces al segundo, le dijo lo mismo. Este le respondió: Voy, señor; pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? El primero, dijeron ellos. Jesús prosiguió: En verdad os digo que los publicanos y las meretrices os van a preceder en el Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero vosotros, ni siquiera viendo esto os movisteis después a penitencia para poder creerle".
 

Parábola de las Jovencitas Necias y Prudentes

“En ese día, el reino de Dios será como diez jovencitas que tomaron sus lámparas de aceite y salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias y las otras cinco eran prudentes.
Las necias llevaron sus lámparas pero no llevaron aceite de reserva. Por el contrario, las prudentes llevaron sus lámparas y también aceite de reserva. Como el novio se demoraba mucho, todas las jóvenes se cansaron y se durmieron. “Pero a la medianoche alguien gritó: ‘¡Oigan! ¡Viene el novio. Salgan a recibirlo!’ En ese momento, todas las jóvenes bolsas de dinero Textualmente: “talentos”. Un talento consistía aproximadamente de treinta a cuarenta kilos de oro, plata o monedas de cobre. se levantaron y prepararon sus lámparas. Las necias les dijeron a las prudentes: ‘¡Dennos un poco de su aceite, nuestras lámparas se están apagando!’ “Pero las prudentes les respondieron: ‘No, no les podemos dar nada, porque no quedará suficiente para ustedes ni para nosotras. Más bien, vayan a los vendedores de aceite y compren para ustedes’. Ya se iban cuando llegó el novio y las jovencitas que estaban listas entraron a la boda con él. Luego, alguien le echó seguro a la puerta. “Al final, las demás jovencitas dijeron: ‘¡Señor, Señor! ¡Ábrenos la puerta!’ Pero él les contestó: ‘¡La verdad es que yo no las conozco!’”

”Así que estén listos—dijo Jesús—, porque ustedes no saben el día ni la hora en que vendrá el Hijo del hombre".

 

Parábola de la Red Barredera

“También, el reino de Dios es como una red para pescar que se lanza al mar y en la que caen muchos peces de diferentes clases. Cuando la red está llena, los pescadores la llevan a la playa. Se sientan allí y escogen los peces buenos y los meten en canastas y tiran los peces malos. Lo mismo va a pasar cuando llegue el fin del mundo. Los ángeles van a venir y van a separar a los malos de los buenos. A los malos los van a lanzar a las llamas del fuego y todos ellos llorarán y crujirán los dientes".

Después Jesús les preguntó a sus seguidores:
—¿Entienden todo esto?
Ellos contestaron.
—Sí entendemos.
Él les dijo:
—Bueno, todo maestro de la ley que recibe mi enseñanza sobre el reino de Dios es como el dueño de una casa. De lo que tiene guardado saca cosas nuevas y cosas antiguas.

Parábola de los Obreros a la Hora Undécima

“El reino de Dios es como el dueño de una finca que salió bien temprano a contratar trabajadores para trabajar en su viñedo. Se puso de acuerdo con ellos en el pago por día de trabajo y los envió a trabajar en su viñedo. “Casi a las nueve de la mañana salió de su casa y vio a unos hombres que estaban en la plaza de mercado sin hacer nada. Les dijo: ‘Ustedes también deberían ir a trabajar en mi viñedo y les pagaré lo justo’. Así que ellos fueron a trabajar allá. “Una vez más, salió de su casa como al mediodía y de nuevo como a las tres de la tarde, y contrató a más trabajadores.

Cuando eran las cinco, salió de su casa y encontró a otros desocupados en la plaza de mercado. Él les preguntó: ‘¿Por qué ustedes no hacen nada en todo el día?’ “Ellos le dijeron: ‘Es que nadie nos da trabajo’. “Él les dijo: ‘Ustedes también deberían trabajar en mi viñedo’. “Cuando se hizo de noche, el dueño le dijo al encargado: ‘Llama a los trabajadores y págales. Empieza desde los últimos que se contrataron hasta los que se contrataron al principio’. “Entonces, vinieron los que se habían contratado a las cinco de la tarde y cada uno recibió el pago de un día.

Cuando llegaron los primeros que se habían contratado, creyeron que les iban a pagar más, pero recibieron el mismo pago. Lo recibieron y empezaron a quejarse con el dueño del terreno. Decían: ‘Los últimos que se contrataron sólo trabajaron una hora y usted les pagó lo mismo que a nosotros que trabajamos todo el día aguantando el calor’. “El dueño le contestó a uno de ellos: ‘Amigo, yo no soy injusto contigo. ¿No nos pusimos de acuerdo en que yo te daría el pago por un día de trabajo? Toma lo que es tuyo y vete a tu casa. Al último que contraté quiero darle lo mismo que te pague a ti. ¿No tengo derecho de hacer lo que quiera con mi dinero? ¿O es que estás celoso porque soy bueno con los demás?’ “Así es que los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”.
 

Parábola de la Oveja Perdida

Entonces Jesús les contó esta historia: “Supongamos que uno de ustedes tiene cien ovejas y pierde una de ellas. Deja solas a las otras noventa y nueve para ir a buscar a la que se le ha perdido hasta encontrarla, ¿verdad? Cuando la encuentra, con gozo la pone sobre sus hombros, y al llegar a casa, llama a todos sus amigos y vecinos diciéndoles: ‘¡Alégrense conmigo porque encontré la oveja que se me había perdido!’ Les digo que de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un pecador que cambia su vida que por noventa y nueve personas buenas que no necesitan hacerlo.

Parábola de las Bolsas de Dinero

“El reino de Dios es como un hombre que se iba de viaje. Antes de irse llamó a sus siervos y los dejó encargados de administrar su fortuna. A uno de ellos le dio cinco bolsas de dinero, al segundo le dio dos y al otro una. A cada uno le dio una parte de acuerdo con lo que le era posible tomar a su cargo. Después se fue a su viaje. Inmediatamente, el que había recibido las cinco bolsas de dinero comenzó a invertir el dinero y ganó otras cinco bolsas. Así mismo, el que recibió dos bolsas de dinero ganó otras dos. Pero el que recibió una bolsa se fue, hizo un hueco en el suelo y escondió el dinero de su patrón. “Después de mucho tiempo, regresó el patrón y empezó a arreglar cuentas con los siervos.

El hombre que había recibido las cinco bolsas de dinero, se acercó al patrón y trajo cinco bolsas más. Le dijo: ‘Señor, usted me dejó encargado de cinco bolsas de dinero, aquí hay cinco bolsas más que yo gané’. “Su patrón le dijo: ‘¡Muy bien hecho! ¡Eres un buen siervo y digno de confianza! Como fuiste fiel con una poca cantidad, te pondré a cargo de mucho. Ven y alégrate con tu patrón’. “Después, el hombre que había recibido dos bolsas de dinero se le acercó y le dijo: ‘Señor, usted me dejó encargado de dos bolsas de dinero, aquí están dos bolsas más que yo gané’. “Su patrón le dijo: ‘¡Bien hecho! ¡Eres un buen siervo y digno de confianza! Como fuiste fiel con poca cantidad, te pondré a cargo de mucho. Ven y alégrate con tu patrón’.

“Entonces el hombre que había recibido una bolsa de dinero se acercó a su patrón y le dijo: ‘Señor, yo sé que usted es un hombre duro. Cosecha donde no ha plantado y recoge donde no ha sembrado. Tuve miedo y fui y escondí la bolsa de dinero en el suelo. ¡Tome lo que es suyo!’ El patrón le contestó: ‘¡Eres un siervo malo y perezoso! Sabes que cosecho donde no he plantado y recojo donde no he sembrado. Por eso debiste poner mi dinero en un banco. Así cuando yo volviera, tendría mi dinero más los intereses’. “Entonces el patrón les dijo a otros siervos: ‘Tomen la bolsa de dinero de ese siervo y dénsela al que tenía diez bolsas. Sí, porque el que use bien lo que se le da, recibirá más, aun más de lo que necesita. Pero al que no lo haga, se le quitará todo lo que tiene’. Y les dijo a los otros siervos: ‘Echen a este siervo inútil afuera a la oscuridad donde la gente llora y cruje los dientes’.

 

Parábola del Juicio Final

"Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.

Entonces le responderán los justos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos? o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte? Y el Rey en respuesta les dirá: En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Entonces dirá a los que estén a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.

Entonces le replicarán también ellos: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos? Entonces les responderá: En verdad os digo que cuando dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna".
 

Parábola del Juez Injusto

"Les proponía una parábola sobre la necesidad de orar siempre y no desfallecer, diciendo: En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. También había en aquella ciudad una viuda, que acudía a él diciendo: Hazme justicia ante mi adversario. Y durante mucho tiempo no quería. Sin embargo al final se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, ya que esta viuda está molestándome, le haré justicia, para que no siga viniendo a importunarme. Concluyó el Señor: Prestad atención a lo que dice el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a El día y noche, y les hará esperar? Os aseguro que les hará justicia sin tardanza. ¿Pero cuando venga el Hijo del Hombre, acaso encontrará fe sobre la tierra?".

Parábola de los Viñadores Homicidas

"Cierto hombre que era propietario plantó una viña, la rodeó de una cerca y cavó en ella un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó de allí. Cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió a sus criados a los labradores para percibir sus frutos. Pero los labradores, agarrando a los criados, a uno lo golpearon, a otro lo mataron y a otro lo lapidaron. De nuevo envió a otros criados en mayor número que los primeros, pero hicieron con ellos lo mismo. Por último les envió a su hijo, diciéndose: A mi hijo lo respetarán. Pero los labradores, al ver al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero. Vamos, matémoslo y nos quedaremos con su heredad. Y, agarrándolo, lo echaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando venga el duelo de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: A esos malvados les dará una mala muerte, y arrendará la viña a otros labradores que les entreguen los frutos a su tiempo. Jesús les dijo: ¿Acaso no habéis leído en las Escrituras: ´La piedra que rechazaron los constructores, ésta ha llegado a ser la piedra angular. Es el Señor quien ha hecho esto y es admirable a nuestros ojos?

Por esto os digo que os será quitado el Reino de Dios y será dado a un pueblo que rinda sus frutos. Y quien caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y sobre quien ella caiga, lo aplastará.

Al oír los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sus parábolas, comprendieron que se refería a ellos.

Y aunque querían prenderle, tuvieron miedo a la multitud, porque lo tenían como profeta".
 

La Parábola del Sembrador

Jesús salió de la casa ese mismo día y se sentó a la orilla del lago. Había tanta gente a su alrededor que tuvo que subir a un bote y se sentó para enseñarles, mientras la gente se quedaba en la orilla. Les dio muchas enseñanzas por medio de historias. Les dijo: “¡Escuchen! Había una vez un sembrador que salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron en el camino. Vinieron los pájaros y se las comieron. Otras semillas cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra. Esas semillas brotaron rápido porque la tierra no era profunda. Pero cuando salió el sol, las plantas se quemaron y como no tenían raíces, se secaron. Otras cayeron entre espinos, crecieron con las plantas y las ahogaron. Otras semillas cayeron en reino de Dios Textualmente: “reino de los cielos”. Afortunados Se refiere a la felicidad que proviene de una bendición de Dios. tierra buena y empezaron a dar fruto. Algunas plantas produjeron cien granos más por semilla, otras sesenta y otras treinta. ¡Oigan bien lo que les digo!”

Artículo escrito por Miquel Vidal.

   

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